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Psicóloga Maria Jesus Suarez Duque TRASTORNO ESPECÍFICO DEL APRENDIZAJE: ¿Qué es el TEA?

 



 ¿Qué es el TRASTORNO ESPECÍFICO DEL APRENDIZAJE?

Hay que diferenciar, las “dificultades del aprendizaje” que es un término más genérico, de los “Trastornos específicos del aprendizaje” o lo que es lo mismo “Dificultades específicas de aprendizaje” (DEA)

Las dificultades del aprendizaje hacen referencia a las dificultades que muestra un niño para aprender y que pueden ser debidas a la interferencia de muchos factores. Por ejemplo, el niño puede manifestar dificultades debido a una pobre instrucción (mal método o cambios de métodos), una instrucción insuficiente (poca dedicación), una instrucción inadecuada (que puede desencadenar un rechazo casi fóbico a la tarea), la presencia de estresores ambientales o dificultades de salud que pueden dificultar que el niño esté en condiciones para aprovechar las experiencias de aprendizaje o la interferencia de otro trastorno (por ejemplo, la interferencia de los síntomas de desatención y la impulsividad en el caso de un niño con TDAH).

Para poder diagnosticar a un niño de un Trastorno específico del aprendizaje o DEA es necesario poder confirmar que las dificultades: (1) son superiores a las dificultades normales que conlleva cualquier tipo de aprendizaje, (2) van más allá y no se pueden explicar sólo por la existencia de otro trastorno (si existiera) y (3) que estas dificultades en el aprendizaje se muestran resistentes a un entrenamiento específico, individual y duradero.

Dicho esto, se puede decir que existe un continuo entre las dificultades lógicas que conlleva cualquier aprendizaje y la resistencia crónica y patológica a dicho aprendizaje, lo que tiene consecuencias para la evaluación. Por ejemplo, si nos mostramos sensibles a la detección de dificultades y hacemos una evaluación temprana, es muy posible que durante un tiempo la valoración no pueda ser concluyente en cuanto a la existencia de un trastorno. Es decir, la evaluación podría detectar claramente “dificultades de aprendizaje” pero pudiera ser que, en ese momento, no contáramos con las condiciones para afirmar que el niño cumple todos los criterios diagnósticos para afirmar que tiene un “Trastorno específico del aprendizaje” (que será más crónico que pasajero y más resistente a la intervención). Por otra parte, la valoración de las dificultades resulta todavía más compleja si pensamos que una gran parte de los casos a los que nos enfrentamos no reflejan cuadros “aislados” de problemas (se añaden además de los problemas de aprendizaje, problemas de conducta, sospecha de retraso o de trastornos en el desarrollo, entorno social pobre o desestructurado, etc.) y la alta comorbilidad con otros trastornos (como por ejemplo, los trastornos del lenguaje o el TDAH). 

Y eso nos lleva a una cuestión importante sobre las recomendaciones respecto al inicio de la intervención específica para los problemas de aprendizaje.

¿Cuándo se debe comenzar la intervención?

La intervención psicoeducativa no debe esperar a que se confirme plenamente la existencia de un Trastorno Específico del Aprendizaje. La intervención psicoeducativa debe comenzar en el momento en que se detecten dificultades en el aprendizaje que generan problemas de adaptación en algún área del desarrollo del niño (académica, personal, comportamental) y que no revierten significativamente con las medidas de intervención habituales en casa o en la escuela. 

El nivel de profundidad y el tipo de intervención, así como las adaptaciones necesarias para la mejora del niño dependerán de los resultados de la evaluación realizada. Por lo tanto, la evaluación debe realizarse lo más a fondo posible e ir dirigida a recabar toda la información que pueda facilitar el diseño de una intervención lo más individualizada y ajustada a cada caso que sea posible. No se trata, por tanto, de limitarse a determinar si el niño cumple criterios como para calificarse como un DEA, sino de recabar información específica que nos permita tener un retrato actualizado y completo de cómo es y cómo está ese niño con DEA, en concreto y en el momento actual. Y ello requiere que la evaluación nos lleve al conocimiento -lo más a fondo posible- de: su historia personal, escolar y familiar; las características, condiciones y respuesta a los métodos y refuerzos recibidos de cara al aprendizaje; y la determinación de su perfil específico (comportamental, cognitivo, socioemocional y, lógicamente, de aprendizajes). 

Si dicha evaluación nos permite concretar el tipo de trastorno y estimar la gravedad del mismo, contaremos con más información sobre la cronicidad y la severidad del cuadro, lo que nos permitirá ajustar las expectativas de evolución, optimizar la selección de los métodos más adecuados para la intervención y programar (e incluso exigir) determinado tipo de adaptaciones.


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