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LOS MOTIVOS SOCIALES SEGÚN EL MODELO DE FISKE


Para poder adaptarse a la vida en grupo, los seres humanos necesitan desarrollar una motivación que les impulsara a formar parte de un grupo y pertenecer en él incluso cuando sus intereses individuales se vieran momentáneamente perjudicados.


La psicóloga social estadounidense Susan Fiske (2002, 2010) propone cinco motivos sociales universales, es decir, motivos que impulsan a las personas a vivir con otros y a funcionar de forma adecuada en las relaciones, y que serían producto de la evolución de la especie:

1)      La pertenencia.

Fiske considera fundamental el motivo de pertenencia porque en torno a él se organizan los otros cuatro. Lo define como la necesidad de relaciones fuertes y estables con otros. Además de incrementar la supervivencia individual, también beneficia al grupo al aumentar la probabilidad de que los miembros cooperen y se involucren en una acción coordinada.

Las personas necesitan estar implicadas en alguna relación y pertenecer a algún grupo para poder sobrevivir. Este puede considerarse el motivo social más básico de todos, ya que, la necesidad de adaptarse a la vida con otros se deriva de la imposibilidad de sobrevivir en aislamiento en tiempos de nuestros ancestros.

2)      Comprensión compartida.

Las personas necesitan saber, conocerse a sí mismas, entender a los demás y la realidad que les rodea, y poder predecirla para funcionar en la vida cotidiana, es decir, construir esa realidad, y necesitan hacer todo eso de forma que no choque con la construcción de la realidad por parte de los que están a su alrededor.

Sin esa visión común, el grupo sería incapaz de hacer frente a los retos que el medio le planteara y, por tanto, no podría sobrevivir.

3)      Control.

Este motivo impulsa a las personas a sentirse competentes y eficaces al tratar con el ambiente social y consigo mismas. Se refiere a la relación entre lo que hacemos y lo que conseguimos, es decir, entre nuestra conducta y los resultados.

Cuando nos embarcamos en una empresa, del tipo que sea, necesitamos creer que lo que hagamos servirá para algo, que lograremos alcanzar los objetivos que nos hayamos propuesto y que controlamos el proceso y la situación. Si no creyéramos eso, si careciéramos del motivo de control, no moveríamos un dedo. Y por esa misma razón, también creemos que los demás tienen el control sobre los resultados de sus acciones. Por eso tendemos a explicar su conducta pasando por alto la influencia de las circunstancias.

Este motivo puede conducirnos a incurrir en algunos sesgos.

4)      Potenciación personal.

Este motivo se refiere a la necesidad que tenemos de sentirnos especiales como individuos y como miembros de un grupo. En cierto modo podría considerarse como el contrapunto al motivo de pertenencia, ya que, mientras éste se refiere a la necesidad de ser aceptado por los demás, el de potenciación personal alude a la necesidad de aceptarse uno mismo.

Abarca la autoestima, el esfuerzo hacia la mejora personal y la simpatía hacia uno mismo.

Por tanto, no implica la búsqueda exclusiva o prioritaria del propio ensalzamiento, sino también el interés por desarrollar las propias capacidades y por llegar a ser un miembro respetado dentro del grupo.

5)      Confianza.

Implica sentirse a gusto con el mundo y tener predisposición a esperar cosas buenas de la mayoría de la gente. Este motivo hace a las personas más adaptables, abiertas y cooperativas en la interacción, aunque también hipersensibles a la información negativa procedente de otros, como se pone de manifiesto en los sesgos de positividad y negatividad.

Referencias bibliográficas

Gaviriana, E., López, M., & I., C. (2013). Introducción a la psicología social. Madrid: Sanz y Torres.




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