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TRAUMA Y ESTRÉS Psicóloga María jesús suárez Duque TRAUMA Y ESTRÉS Cerebro emocional vs cerebro racional

 

TRAUMA: CEREBRO EMOCIONAL VERSUS CEREBRO RACIONAL

Cuando hablamos del trauma, solemos empezar con una historia o una pregunta: «¿Qué sucedió durante la guerra?», «¿Sufrió tocamientos alguna vez?», «Le hablaré sobre ese accidente o esa violación», o «¿Tenía alguien de su familia problemas con la bebida?». 

Sin embargo, el trauma es mucho más que una historia sobre algo que sucedió hace mucho tiempo. Las emociones y las sensaciones físicas que quedaron impresas durante el trauma se experimentan no como recuerdos, sino como reacciones físicas perturbadoras en el presente. Para recuperar el control sobre nosotros mismos, debemos retomar el trauma: tarde o temprano, deberemos enfrentarnos a lo que nos ha sucedido, pero solo cuando nos sintamos seguros y cuando no nos vuelva a traumatizar

La primera consigna es encontrar el modo de manejar la agitación provocada por las sensaciones y las emociones asociadas con el pasado. Los motores de las reacciones postraumáticas se encuentran situados en el cerebro emocional. A diferencia del cerebro racional, que se expresa mediante pensamientos, el cerebro emocional se manifiesta mediante reacciones físicas: dolor de tripas, latidos acelerados, respiración rápida y superficial, sensaciones de desgarro, hablar con un hilo de voz o con la voz tensa, y los característicos movimientos corporales que significan colapso, rigidez, rabia o estar a la defensiva. 

¿Por qué no podemos ser razonables?; ¿puede ayudar la comprensión? 

El cerebro racional y ejecutivo sabe ayudarnos a comprender de dónde vienen los sentimientos (por ejemplo, «Me da miedo acercarme a un chico porque mi padre abusaba de mí» o «Me cuesta expresar mi amor a mi hijo porque me siento culpable por haber matado a un niño en Irak»). Sin embargo, el cerebro racional no puede suprimir las emociones, las sensaciones o los pensamientos (como vivir con una sensación de amenaza o sentir que somos fundamentalmente una persona horrible, aunque racionalmente sepamos que no debemos sentirnos culpables porque nos hayan violado). Entender por qué nos sentimos de cierta manera no cambia cómo nos sentimos. Pero puede evitar que nos rindamos ante reacciones intensas (por ejemplo, atacar a un jefe que nos recuerda a nuestro abusador, romper con nuestra pareja al primer desacuerdo o saltar a los brazos de un extraño). Sin embargo, cuanto más exhaustos estamos, más deja paso nuestro cerebro racional a nuestras emociones.


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MARÍA JESÚS SUÁREZ DUQUE

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